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Los múltiples efectos positivos descubiertos incluyen los resultados de investigaciones epidemiológicas de los últimos diez años que han mostrado que el efecto del consumo moderado de bebidas alcohólicas sobre las funciones intelectuales del cerebro puede ser beneficioso. Contrariamente, hasta hoy el consumo excesivo y crónico de bebidas alcohólicas ha sido considerado como una probable causa de demencia, como consecuencia del posible efecto neurotóxico del alcohol. Esta toxicidad directa sólo se detecta luego del abuso frecuente y la asociación entre alcoholismo y demencia se relaciona más con las deficiencias nutricionales de estos individuos que con el efecto tóxico directo del alcohol. Investigaciones muestra que las personas de la tercera edad que beben un par de copas de vino al día tienen menor riesgo de desarrollar demencia senil y la enfermedad de Alzheimer. El efecto benéfico del consumo moderado de vino se debería al alcohol y a los compuestos polifenólicos antioxidantes presentes en el vino. Las bebidas alcohólicas, es decir las que contienen alcohol, elevan los niveles sanguíneos de colesterol-HDL, conocido como el colesterol "bueno" porque remueve el exceso de colesterol del organismo; y disminuyen la tendencia de la sangre a coagular evitando la formación de trombos. Además, los compuestos antioxidantes son los responsables de disminuir la oxidación de las LDL (partículas de lipoproteínas de baja densidad o colesterol "malo"), clave para evitar la ateroesclerosis, ya que las LDL oxidadas son el principal agente causante. Todo esto disminuye el riesgo de infartos cerebrales de tipo obstructivo causado por ateroesclerosis, que es la segunda causa más importante de demencia en el adulto mayor, luego del Alzheimer. |
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