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Lo que dicen los medicos
La ingesta moderada de alcohol modifica los niveles de lípidos, elevando especialmente el colesterol-HDL o colesterol bueno, y los niveles de algunas proteínas de la coagulación y fibrinolisis, desfavoreciendo la formación de trombos. Estos mecanismos explican parte importante de la disminución del riesgo de mortalidad cardiovascular y cerebrovascular obstructiva en bebedores moderados.

Los estudios epidemiológicos han demostrado que el consumo moderado de bebidas alcohólicas disminuye el riesgo de mortalidad por enfermedad cardiovascular y cerebrovascular obstructiva, cuya causa principal es la ateroesclerosis, enfermedad crónica que lleva a lesiones obstructivas de las arterias. Entre los factores de riesgo más conocidos están: elevados niveles de lípidos en la sangre, tabaquismo y presión arterial elevada. Concentraciones altas de colesterol total en la sangre se asocian con mayor riesgo de enfermedad coronaria. Asimismo, elevados niveles de colesterol-LDL o colesterol ´maloª y bajos niveles de colesterol-HDL constituyen útiles predictores de la enfermedad.

Por otro lado, algunas proteínas que participan en la coagulación y disolución de coágulos o trombolisis de la sangre, han surgido como buenos marcadores predictores de la enfermedad cardiovascular y constituyen factores de riesgo cardiovascular hemostático. De este modo, un perfil hemostático favorable para prevenir la obstrucción de las arterias y por ende, un infarto, es aquél que evita la formación de trombos o coágulos.

El componente común de todas las bebidas alcohólicas, vale decir cerveza; vino blanco y tinto; destilados como pisco, whisky y vodka; y otras menos frecuentes en nuestro país, por nombrar algunas, es el etanol o alcohol etílico. A la hora de las recomendaciones, es muy importante establecer el rango óptimo de consumo, de modo de obtener el máximo de beneficios con un mínimo de riesgos. Así, la ingesta de 40 g de alcohol al día o más (más de 4 tragos) se asocia a un aumento en la mortalidad por cirrosis y algunos tipos de cánceres, especialmente los de la parte alta del tubo digestivo. El estilo de beber es clave en el desarrollo y progreso de la ateroesclerosis, siendo el más saludable el consumo diario en forma moderada.

Ultimamente se han realizado muchos estudios para comprender los mecanismos bioquímicos y celulares del efecto del alcohol y documentar su papel antiaterogénico. Así, se ha demostrado

que el consumo moderado de bebidas alcohólicas eleva los niveles de colesterol-HDL en la sangre y disminuye la tendencia de la sangre a coagular evitando la formación de trombos, lo que explica su efecto benéfico.

El vino tinto, al igual que frutas y verduras, contiene gran cantidad de compuestos antioxidantes, además de contener alcohol. Los compuestos antioxidantes son los responsables de disminuir la oxidación de las LDL (siendo las LDL oxidadas el agente causante de la ateroesclerosis), de mejorar la reactividad vascular y de disminuir el daño oxidativo al ADN, daño capaz de generar mutaciones y por ende, cáncer (ver boletines anteriores). De allí las ventajas del vino tinto sobre otras bebidas alcohólicas. Además, el patrón de consumo de vino se asocia a un estilo de vida moderado

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